Artículo: Los castigos y autoestima

 

Por: Carlota Tello Vaca

 

Los castigos y Autoestima

 

 

Tenemos hijas e hijos porque decidimos ser papás y mamás, sabemos que no es sencillo este reto, como decía mi abuela, hijos chicos problemas chicos; hijos grandes problemas grandes.

Obtenemos la preparación profesional en maravillosas universidades para ser doctores, maestras, ingenieras, arquitectos, y ponemos todo el empeño, 4, 6 o más años, pero  no para la tarea más complicada y que implica más reto, tener hijas e hijos y prepararlos con las habilidades y competencias necesarias para que aprendan a volar.

La organización de nuestra sociedad y del propio sistema educativo lo dificulta aún más, nos invitan a la escuela para padres y los comentarios entre las mamás es: -¿te has fijado?- cada vez exigen más.

Las y los expertos en educación cada día salen con novedades y diferentes retos, tenemos confianza en el valor que tienen los que saben. Pero luego chocamos con nuestras propias tradiciones, nosotras y nosotros fuimos educados de una manera, que seguramente fue la mejor manera que encontraron los padres, eso no hay que dudarlo ni juzgarlo,  y seguramente lo aprendiste muy bien y ahora te miras en el otro lado porque ya eres mamá o papá y crees que debes cambiar las maneras de educar, crees  que ese cambio es necesario y los educadores están empeñados en ser agentes que todo el tiempo están proponiendo estrategias para que esos cambios se hagan realidad.

Para formar o educar (aunque no sean sinónimos propongo que en esta lectura lo sean, para no introducir más enredos), por un lado,  tenemos los castigos,  el castigo es una técnica de modificación o control de la conducta que se basa en la aplicación de un estímulo aversivo correspondiente a un comportamiento o respuesta de una persona con el objetivo de eliminar o disminuir  la frecuencia de aparición de esa respuesta o comportamiento.

De este modo, cuando castigamos a una niña o niño le estamos transmitiendo que su manera de actuar o de hacer ciertas cosas  no nos gusta, es indeseable y debe eliminarse o cambiar, debe aprender a tener otros comportamientos, para su propio bien y el de los demás.

De hecho el aprendizaje, en su definición clásica es un proceso continuo de equilibrio (adaptación, asimilación y acomodación) que se produce entre la persona que conoce y el objeto por conocer; desde otra postura teórica, el aprendizaje es la modificación relativamente permanente del comportamiento observable de las personas (independientemente de su edad) como fruto de la experiencia. Necesitamos que nuestras niñas y niños aprendan mediante la motivación y luego el hábito hará que la nueva conducta sea parte de sí mismos.

 

En este momento de la lectura me parece importante que recordemos  que son cuatro los estadios que caracterizan el desarrollo cognitivo del niño y del adolescente. El primero es llamado sensorio-motor y abarca el período que va de los 0 a los 2 años, esta etapa es importantísima ya que logra sobre su culminación distintas habilidades motrices y mentales, los primeros movimientos voluntarios son extensiones de actos reflejos, de allí que la mayoría de sus movimientos se dirigen al propio cuerpo y no a objetos distantes. Promediando este período y ante la creciente coordinación visual motriz él bebe ya puede dirigir sus actividades a objetos más distantes. Al final de esta fase ya está en condiciones de representar el mundo en imágenes y símbolos mentales, ya reconoce; otra característica de esta fase es el inicio del habla que le permite interactuar con las personas de su entorno.

 

 

El segundo período es el pre-operacional que se extiende de los 2 a los 7  años, esta etapa se divide en dos:  etapa pre-conceptual que se extiende entre los 2 a 4 años en donde la habilidad más destacada pasa por el razonamiento transductivo, esto significa que los niños razonan, pero sin el alcance inductivo ni deductivo, sino yendo de un caso particular a otro caso con la finalidad de formar preconceptos, po

r ejemplo cuando las niñas o los niños observan a sus madres peinándose y luego se va a realizar las compras, a partir de una situación similar siempre asociarían que mamá saldrá de compras. Otra particularidad de este período esta signada por el juego simbólico y las conductas egocéntricas.

El segundo sub-período es el intuitivo, su edad mental transcurre entre los 4 a 7 años aproximadamente, su inteligencia se circunscribe a ser meramente impresionista, ya que solo capta un aspecto de la situación, carecen aún de la capacidad de observación integral, del origen de la situación y dar y darse cuenta de ello.

 

El tercer estadio del desarrollo cognitivo es el operatorio concreto, su período se extiende entre los 7 a 11 años, el razonamiento se vincula en esta etapa casi exclusivamente con la experiencia concreta. Ya tiene la capacidad de describir su medio, adquirió la facultad de clasificaciones coherentes y explicaciones  sencillas a lo que sucede a su alrededor.

El estadio operacional formal, lo ubicamos de los 11 años hasta los 19 que termina la adolescencia, en esta etapa se razona de manera hipotética y en ausencia de pruebas materiales.  En esta etapa llamada adolescencia ya está en condiciones de formular hipótesis y ponerlas a prueba para hallar las soluciones reales de los problemas entre varias soluciones posibles, alcanzando en esa oportunidad el razonamiento hipotético deductivo.

 

Después de revisar las diferentes etapas, podremos saber un poco más que hacer ante la circunstancia de ser mamá o papá. Vamos a explicarlo ahora: si castigamos todo el tiempo las conductas que nos disgustan, sin importar la etapa de desarrollo de la niña/o y siempre de la misma manera, esta información tan negativa sobre si mismo influirá en la autopercepción y en su  autoestima. Al transmitirse de manera absoluta la información negativa sobre lo que el niño o la niña ha hecho (a través del estímulo aversivo), no queda opción a una visión constructiva de la experiencia. El niño castigado sólo recibe la información de que algo que ha hecho está mal y que merece, por ello, una penalización.

 

Esto es dañino para su autoestima por cinco motivos principales:

  1. El castigo elimina la percepción de incondicionalidad del niño en cuanto al afecto de mamá y papá o cuidadores primarios. Por lo tanto va aprendiendo que la estima que otros tienen hacia él depende de lo que haga y, por tanto, que puede perderla en cualquier momento. Esto hace que su autoestima sea vulnerable y no le confiere seguridad.
  2. El castigo sólo transmite al niño lo negativo de su manera de actuar, pero no le ofrece alternativas positivas de comportamiento, por lo que el niño queda limitado a lo que hace mal, sin tener opción de mejorar. Esto hace que la autoestima del niño se relativice y se pierda la motivación por mejorar.
  3. El castigo estigmatiza a la niña o niño. Al ser castigado se siente juzgada/o negativamente no sólo por mamá o papá, también por los demás miembros de la familia.
  4. El castigo asusta, genera miedo. El miedo a recibir una penalización hace que la niña o el niño sienta temor e indefensión, porque la diferencia de edad y de poder entre niño y adulto eliminan cualquier posibilidad de defenderse.
    La sensación de indefensión influye negativamente en la propia autoestima, pues induce autopercepciones de debilidad e incapacidad.
  5. El castigo hace que el niño sienta que sus derechos se vulneran, que no se respeta su integridad emocional o física. Esta percepción de falta de respeto a los propios derechos o la propia integridad por parte de una persona con mayor autoridad hace que el menor crea que sus derechos y su integridad no merecen respeto, lo cual también influye negativamente en su autoestima.

 

La autoestima es un recurso psicológico importante, para ayudarnos a afrontar los desafíos de la vida; nos permite ser capaces de asumir responsabilidad de nuestros actos, pensamientos, de asumir riesgos y de adquirir aptitudes que permitan tener relaciones interpersonales más sanas y armónicas.

Para la valoración de la autoestima se contemplan tres componentes que son: el cognitivo, que plantea el autoconcepto como opinión que se tiene de sí mismo/a; afectivo, que es la valoración de lo que hay en nosotros de positivo y negativo que genera un sentimiento favorable o desfavorable y el conductual, que es la intención y la decisión con la que actuamos y para que actuamos. La autoestima es un concepto que engloba muchas connotaciones y que a lo largo del tiempo se ha abordado desde cualquier paradigma psicológico.

 

A continuación se enlista una serie de puntos y definiciones de varios autores:

  • Es un juicio personal de dignidad, que se expresa en las actitudes del individuo hacia si mismo
  • Es un sentido subjetivo de autoaprobación.
  • Es la experiencia de ser aptos para la vida y para las necesidades de la vida
  • Es una actitud de aprobación o desaprobación que indica en que medida un individuo se cree capaz, importante, digno y con éxito.
  • Es el conjunto de pensamientos y de sentimientos positivos o negativos que tenemos de nosotros mismos.
    Se basa en la confianza de nuestras capacidades de pensar y de afrontar los desafíos de la vida.
  • Es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros.

(William James, Stanley Coopersmith, Vendar, Wells, Scott, Pope, McHale, Rosemberg).

 

Como resumen te podría decir que una niña o niño sano, emocionalmente apto, que crea en sí mismo y considere su dignidad y la dignidad de las demás personas, es necesario que sea formado con buen trato y de acuerdo a su edad vaya teniendo responsabilidades consigo mismo y con los demás. Un niño seguro es menos vulnerable a vivir un abuso sexual infantil.

En vez de pensar en castigos, papá y mamá, dejemos claro lo que esperamos de ellas y ellos de acuerdo a su edad y maduración, que se pidan actos de responsabilidad, o sea responder por los actos, por lo tanto, ten muy presente las tres R: responsabilidad,  restitución o reposición y reconciliación.

Una última reflexión, las conductas que no tomamos en cuenta tienden a extinguirse, las buenas conductas reforcémoslas para que permanezcan. 

 

 

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