Artículo: Vínculo y comunicación como herramientas de protección ante el abuso sexual

 

Por: Karina Flores Magón Guzmán

 

“El vínculo y la comunicación como herramientas de protección ante el abuso sexual”

 

Constantemente escuchamos a nuestro alrededor sobre casos de abuso sexual que suceden con niños, niñas y adolescentes y, como madres, padres o cuidadores, podemos preguntarnos ¿Pero qué  puedo hacer yo para evitarlo? ¿Dónde puedo obtener las herramientas necesarias para proteger a mis hijos e hijas? Sin darnos cuenta que la respuesta está en nosotros mismos y que con nuestras acciones cotidianas podemos blindarlos de situaciones de riesgo.

¿Cómo es esto? Primero pensemos en el significado de la palabra blindaje que muchas veces escuchamos al hablar de prevenir el abuso sexual infantil; si lo describimos de manera textual veremos que “el término BLINDAJE se refiere a barreras físicas de protección, utilizadas en sistemas de transporte o combate para reducir o evitar el daño causado por el fuego enemigo”; esto, en lo que corresponde a nosotros y al cuidado de nuestros hijos e hijas, lo podríamos traducir en la capacidad de generar medidas de protección que puedan ayudarles y empoderarles para evitar cualquier situación de riesgo en la que se encuentren, dotándoles de habilidades sociales y para la vida que les permitan sentirse más seguros y confiados de sí mismos y de sus adultos de confianza.

Pero ¿cuáles serían estás medidas de protección y cómo lograrlo? La clave está en utilizar los que podríamos llamar momento pedagógicos cotidianos, que se refiere a todo lo que transmitimos en el día a día, no sólo por medio de palabras, sino a través de los valores, sentimientos, emociones, acciones, interacciones con el entorno, la cultura, la sociedad, los roles sexuales que cada uno desempeña, pero sobre todo, con la calidad del vínculo y la comunicación que llevemos con ellos y ellas.

Afortunadamente, la relación con nuestros hijos e hijas se teje día a día y hay muchas formas de llevarla a cabo para que podamos disfrutarla y vivirla como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje para cada persona de la familia; para poder lograrlo es de gran importancia escuchar en todo momento sus deseos, necesidades y emociones, sin hacer interpretaciones sobre quiénes son , ni poner nuestras propias expectativas de lo que deberían de ser a partir de nuestros juicios y de lo que creemos que es lo correcto de acuerdo a lo que nos dicen los demás. Lo ideal es confiar en su ser auténtico, en su capacidad de aprender, de ser ellos y ellas mismas, en su creatividad y,  sobre todo, en su intuición y capacidad de escucharse a sí mismos sobre lo que les gusta y lo que no.

Es importante que como madres y padres podamos olvidarnos un momento de criar hijos e hijas perfectos de acuerdo a los estándares sociales y nos enfoquemos más en criar personas felices, plenas, seguras de sí mismas, sanos, sabios, exitosos y empáticos con sus necesidades y las de otros, y esto, solo lo pueden aprender con lo que les modelemos día con día. A continuación revisaremos algunos puntos que pueden acompañarte en tu crianza para generar momentos pedagógicos cotidianos que se conviertan a su vez en medidas de protección:

 

  • EVITA LA IMPOSICIÓN: Trata de relacionarte con tus hijos e hijas desde el amor y el respeto y no desde la imposición “Porque lo digo yo”, “Porque es así y punto” “Porque soy tu madre-padre y tú eres un niño-niña”, este tipo de aseveraciones no solo te quitan la oportunidad de escuchar lo que están necesitando, sino además les estás mostrando que cualquier adulto tiene más poder que él o ella y que si en algún momento le dicen que haga algo que no quiere, pueda llegar a hacerlo porque no está en contacto con sus necesidades y emociones. Esto no significa que no pongas límites claros y firmes ante una situación determinada, solo que lo hagas desde el amor, el respeto y la escucha para que aprenda el valor de ser tomado en cuenta y escuchado, independientemente de su comportamiento.

  • CONFÍA EN SUS PALABRAS: Escucha siempre lo que te diga y cree en lo que dice; esto es de suma importancia, “Siempre confía en lo que te dice”, en las decisiones que tomará y permítele vivir con las consecuencias y aprender de ellas, esto puede ser de manera lúdica mientras juegan por ejemplo o cuando te está contando algo que le sucedió en su rutina; de este modo no solamente le estas dando la posibilidad de que sea responsable, sino que en cualquier situación de riesgo en la que se encuentre, sabrá que puede acercarse a ti como su adulto de confianza y que encontrará un espacio de credibilidad y seguridad sin miedo a ser juzgado. Aquí es importante que también puedas hablar con ellas y ellos sobre los secretos buenos y los secretos malos, entendiendo por “buenos” los que sí se pueden contar transcurrido un tiempo determinado, benefician a una o varias personas de la familia y generan sentimientos agradables, por ejemplo un regalo de cumpleaños o una fiesta sorpresa; y entendiendo por “malos” los que se guardan a lo largo del tiempo, son obligados por alguien a guardarlos y generan emociones desagradables.

  • EVITA LAS ETIQUETAS: Fomentar en la familia un espacio de respeto hacia su persona es la base para confiar en sí misma y de sentirse reconocido y valorado; si permitimos los apodos, las etiquetas o cualquier cosa que desvalorice su persona en casa, estaremos generando por un lado que nos relacionemos con ellos desde esta interpretación y dejaremos de ver sus cualidades, y por otro, les estamos enseñando que cualquiera puede faltarle el respeto a su persona o que no importa lo desagradable que se sienta tiene que aceptarlo porque si papá o mamá lo dicen es verdad y las demás personas solo lo refuerzan. De esta forma será más susceptible a relacionarse con alguna persona con la que pueda estar en riesgo, que la adule, la admire, le de regalos le haga sentir valiosa, importante y especial.

  • PRACTICA LA NO OBEDIENCIA: Todo lo que signifique que él o ella “debería ó no debería”, “tendrías o no tendrías que”, desde un lugar de acusación y de obligar a cumplir con algo pasando por alto sus necesidades y emociones, puede generar en ellos y ellas la creencia de que “debo de obedecer a cualquier persona que sea mayor que yo o que tenga una autoridad”, de lo contrario no soy suficientemente bueno o no seré merecedora de su amor, premio o reconocimiento. Es importante que en casa haya reglas y limites y que estas sean cumplidas, pero la forma hace la diferencia en la manera en la que los y las estamos enseñando a afrontar el mundo. Además, cuando un niño o niña a quien se le repite constantemente ¡no hagas esto! ¡No hagas lo otro! (cuando realmente no está haciendo nada que no sea natural para su edad), experimentará los “no hagas” como una invalidación personal, y  probablemente concluya: “hay algo malo en mí; no puedo hacer nada bien. Entonces ¿para qué me molesto en tratar de mejorar o cumplir con lo que me piden?”  Y de esta forma podría tener mayor necesidad de aprobación externa o validación personal de una forma equivocada, haciéndolo vulnerable a algún tipo de riesgo.

  • EL PODER DE LAS PALABRAS: Muchas veces no somos conscientes del poder que tiene lo que decimos sobre nuestros hijos e hijas, frases que pueden parecer inofensivas o normalizadas, pueden afectar seriamente su autoestima y su capacidad de defenderse; por ejemplo, cuando un niño o niña se siente enojado, triste o asustado, y nuestra reacción es decirle. “No estés triste”, “no llores”, “no estás realmente enojado”, “eso no es tan importante o no debería hacerte sentir mal”, etc., lo más probable es que llegue a la conclusión: “Hay algo malo en mi forma de ser; lo que siento no importa; no puedo confiar en mis sentimientos”, y de esta forma las y los estamos enseñando a invalidarse a sí mismos y a sus emociones.
    1. Otra forma de hacerlo es decirle “No te aguanto”, “Estoy cansada de tus actitudes”, “No puedo confiar en ti…”, “Si hicieras las cosas diferentes o como fulanito de tal…”, cuando una niña o niño escucha esto, concluye que no es de fiar, que equivocarse  es malo, o que siempre habrá alguien mejor que él o ella o que el problema se centra en sí y no en la situación, y de esta forma vivirá con inseguridad y más vulnerable a una situación de abuso.

  • SEXUALIDAD ASERTIVA: Es importante brindarles información adecuada y sana acorde a su edad, aclarar sus dudas y eliminar especulaciones sin tener miedo a darles una información que no sea correcta de recibir para un niño, niña o adolescente; podemos investigar sobre el tema para dar respuestas claras que favorezcan el desarrollo de valores como el respeto, el amor, la confianza y el placer. Además, de modelarles de una forma asertiva lo que es ser hombre y ser mujer, lo que significa tener vínculos afectivos sanos, nombrar las partes de nuestro cuerpo por su nombre, hablar de lo que nos gusta y no nos gusta a cada miembro de la familia y respetarlo, hablar de lo que se siente agradable y desagradable en el cuerpo y enseñarles sobre la intimidad y las partes privadas; esto puede comenzar a enseñarse día a día desde que son muy pequeños, si lo vamos abordando con naturalidad y lo normalizamos en nuestro discurso cotidiano, ellas y ellos lo aprenderán como parte de su desarrollo y autocuidado.

  • ENSÉÑALES A DECIR NO: El simple hecho de decir “sí” o “no” nos compromete a comportarnos de una forma determinada, pues nos lleva a elegir y esto nos orienta de cierta forma. Por lo general, existe una falsa interpretación cuando decimos “no” o nos dicen “no”; tomamos esto como un rechazo, pero decir “no”, no significa: “No te quiero”, “No eres suficiente”, “No te lo mereces” y esto es importante poder transmitirlo a nuestras hijas e hijos, pues el decir “no” a ciertas situaciones fortalece la dignidad y sostiene nuestros valores personales. Por eso, es importante enseñarles a decir “no”, a sentirse cómodos y merecedores del “no”, a decidir cuando una situación es agradable o desagradable para ellos y poder decirlo con toda la confianza y la asertividad; lo ideal es que podamos acompañarles a vivirlo desde el cuerpo y las emociones. Un ejemplo muy claro y muy común es cuando les obligamos a despedirse o saludar cuando no quieren hacerlo, en este caso, en vez de decirles que son groseros, malcriados, malos niños o niñas, podríamos respetar su “NO quiero” y encontrar otras formas de saludar que si sean agradables para ellas y ellos; otra forma es jugar a hacerles preguntas como por ejemplo, “¿Cuando mi tío Roberto me saluda de beso mi cuerpo y mi corazón dicen SI o dicen NO?”, puedes hacer un listado de diversas situaciones de acuerdo a la edad y de esta manera muy lúdica los podemos ir acompañando a reconocer sus limitaciones, a empoderarse y a tener más herramientas de autocuidado.

  • AYÚDALES A DESARROLLAR SU AUTOESTIMA: Las niñas y los niños crean su propia imagen observando y escuchando a sus padres y madres, pero sobre todo viendo y sintiéndose orgullosos o decepcionados de su entorno. En una niña o niño pequeño, tener una buena autoestima significa esencialmente estar contento con su cuerpo, tener el sentimiento profundo de ser amado, tener la convicción de ser capaz, estar orgulloso de lo que es como niña o niño, encontrarse con gusto con los demás y sobre todo esperar y creer que sus necesidades serán satisfechas, y que sus deseos serán, si no cumplidos inmediatamente, tomados en cuenta para un futuro cercano. Como madres y  padres podemos ayudar a nuestros pequeños a desarrollar las aptitudes básicas que favorezcan primero su confianza y, a la larga, una buena autoestima, pues ésta se va  construyendo poco a poco; sin embargo, aquí es importante aclarar que no se habla de darles todo lo que desean, pues tanto las frustraciones como las gratificaciones son importantes para desarrollar la autoestima, más bien de convivir con ellos a través del placer, amor, seguridad, independencia, amor propio y la confianza. Todo esto se va experimentando en el cuerpo a través de caricias, besos y juegos que son esenciales para arraigarles en su mundo personal y para asentar su autoestima; de igual  manera sentirse amados, estables y seguros a través de las rutinas, los límites realistas y la escucha de sus necesidades, respetando su independencia y la voluntad de hacer cosas por sí mismos.

 

  • ACOMPÁÑALOS A DESARROLLAR SUS HABILIDADES SOCIALES: Esto será de vital importancia no solo en la vida en familia, sino en la convivencia en otros espacios sociales que le permitirán tener una vida social positiva y por tanto estar más protegidos ante una situación o relación de riesgo. Todas estas habilidades las aprenderán principalmente de lo modelado en casa pero será importante reforzarlo en cada situación que sea posible. Ya hemos mencionado la mayoría de estas habilidades y como llevarlas acabo, aquí se mencionan algunas más que se pueden ir reforzando de acuerdo a la edad: capacidad de escuchar, expresarse, decir claramente sus preferencias y gustos, afirmarse verbalmente, argumentar, explicarse; observar una situación, analizarla, reflexionar sobre ella, proponer soluciones, usar la imaginación, crear nuevas soluciones, tener varios puntos de vista; ponerse en el lugar de los otros, ser introspectivos, entrar en relación con otros, hacerse querer y aceptar adecuadamente, comprender a los otros, contener sus impulsos, percibir las emociones de los otros, expresar sus propias emociones y tener en cuenta a los demás para tomar decisiones. Si nosotras podemos acompañarles a poner en práctica cada una de estas habilidades en situaciones pequeñas al momento del juego, de hacer la tarea, de convivir con sus hermanas y hermanos, de hablar sobre algún tema que llame su atención, etc., los estamos preparando para una mayor capacidad de resolver sus conflictos, de actuar ante una situación de riesgo y de encontrar soluciones poniéndose en contacto consigo mismos, con su corazón, intuición y conexión emocional y corporal.

 

En conclusión, darles el espacio para que hablen de sus emociones y éstas puedan ser validadas, ser escuchados con lo que tengan que decir confiando plenamente en ello como una verdad, respetar su persona tal cuál es resaltando sus cualidades y acompañándoles con sus “defectos” como áreas de oportunidad para mejorar, mostrarles la importancia de que aprendan a estar orgullosos de sí, que podamos aplaudir sus logros y valorar y auxiliar el desarrollo de sus talentos aceptándoles tal como son  y  no como quisiéramos que fueran, y sobre todo que tengan la convicción de que siempre queremos escuchar sus peticiones, satisfacerlas y conocer sus deseos, son uno de los mejores cimientos que podemos sembrar en nuestros hijos e hijas para fortalecer el vínculo y protegerlos de la mejor forma posible.

No tengamos tanto miedo al “qué dirán” , muchas veces creemos que una crianza exitosa es la que logra que sus hijas e hijos “obedezcan y den resultados”; la mayoría consideran que el mayor premio es que les digan “Tu hijo-hija se porta muy bien”, pero que pasaría que en lugar de eso confiáramos más en nosotras mismas como madres y padres y en nuestra intuición de lo que es mejor para ellos y ellas dándole más valor a tener hijos e hijas que vivan más sanos y seguros y que se sientan confiados de sí mismos, amados, escuchados y valorados por lo que son, sin tener la necesidad de buscar esto con otras personas y en espacios que puedan generar algún tipo de riesgo; qué pasaría si creáramos espacios familiares generadores de empatía, comprensión, escucha activa sin emitir juicios ni criticas, centrada en la conexión emocional, en el diálogo, la confianza y en reforzar y fijarse en lo positivo; usar un lenguaje que construya en lugar de criticar y condenar, ofrecer alternativas de comportamientos y actitudes deseables o correctas y favorecer la autonomía personal.

¿Te lo imaginas? ¿Te animas a hacerlo diferente?

 

 

 

 

 

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