Artículo: La Cuarentena

Carlota Tello Vaca

En la historia de la humanidad, han ocurrido muchas tragedias. Tragedias que tiene que ver con invasiones de un país a otro, las guerras.  Otras que tienen la razón o la base en la ira de la naturaleza que provoca ciclones, tornados, sunamis, terremotos. Pero también están las pestes, las enfermedades producidas por microrganismos patógenos para los seres humanos.

La pandemia que estamos viviendo producida por el ya famoso Covid 19, es una pandemia que no se ha limitado a una parte de la humanidad, tiene tomado el mundo ante la sorpresa de los grandes retos que hemos sorteado con cierta facilidad, ante la gran tecnología actual; creo que es un parteaguas en el comportamiento humano cotidiano, no solo en el tema de limpieza o higiene personal sino en cómo debemos de ser y estar con nosotras y nosotros mismos, y con la otredad.

Que cantidad de países en el mundo se han visto afectados y de acuerdo con las noticias (parte de la tecnología que nos une en nuestro mundo actual) de lo que sucede en otros países nos damos cuenta de que países disciplinados y cuidadosos en el sentido comunitario han sido menos afectados. Tienen menos casos y así mismo menos muertes.

Este pequeñísimo microrganismo, nos ha venido a enseñar que de pronto, de un día para otro mi prójimo puede ser mi peor enemigo. Contrario a todo lo que nosotras psicólogas humanistas hemos enseñado y promovido, la cercanía, la calidez, el abrazo sincero.  Que decir de los muertos, donde a propósito de ser mexicanas y mexicanos nos reímos de la muerte y con la muerte, pero que en este momento arrebata a las personas sin dar oportunidad de los ritos que a los que estamos acostumbrados. Cuando una cultura no puede despedirse de sus muertos vive una tragedia tras otra.

Los cuerpos de seguridad son infames en sus actuaciones, sin sensibilidad ni criterio, van por las calles tratando de disuadir al transeúnte a no estar fuera de su casa, con métodos no muy ortodoxos, cuando hay miles de personas que viven al día en este país, que el día que no trabajan simplemente no tienen para las necesidades básicas de sustento propias y de sus familias.

Y se destaca de una manera muy importante, una población donde se encuentran todas las profesiones que están involucradas en la salud y en la necesidad básica como la alimentación, que en medio de la crisis y del virus que les puede enfermar y matar, siguen en pie de guerra, viven día a día, presentando opciones y cuidado de los otros.

Este virus genera temor, divide, mata, produce desacuerdos entre los líderes de los países, son muchos los grupos que se han manifestado ante los desacuerdos, cuando no son mirados, por ejemplo, el feminismo, otros movimientos sociales que exigen sus derechos, hasta las niñas y niños han aparecido demandando derechos y responsabilidades de parte de los adultos.

Sin embargo, no se han creado movimientos visibles de médicos y enfermeras, trabajadores sociales, psicólogas y psicólogos, paramédicos y más, un movimiento que deje ver las injusticias y las simplezas que de repente emiten, la población y ciertos funcionarios que tienen poco compromiso con la población. Menciono solo algunos ejemplos, aventar cloro a mujeres enfermeras antes de subir al trasporte público, limitar el acceso a personas vestidas de blanco no vayan a ser médicos que estén contaminados por el virus, y la peor de todas, decir en público, en conferencia ante la nación que los médicos solo buscan su propio beneficio económico, pero que no les importa la salud de los mexicanos. Creo que han sido errores garrafales de los cuales hemos sido testigos, como también somos testigos del silencio de estos profesionistas ante semejante falta de humanidad.

Entre más humano sea alguien, más cercano, empático y agradecido debe ser; y por otro lado, mientras menos empatía y reconocimiento se tenga ante los que están haciendo esta gran labor de acompañar y tratar de que las personas tengan menos complicaciones de salud, se es menos humano, menos persona, más esclavo de sus mezquinos intereses personales.

Reflexionemos sobre esto, porque lo estamos viviendo diariamente. Y les digo algo tan simple pero tan cierto: ¡No se vale!

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